Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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martes, 27 de septiembre de 2016

La provocación de "La Piedad" de Miguel Ángel y su fracaso inicial



"La Pietá" (1498)  puede ser considerada con todo merecimiento como una de las obras cumbres de la historia del arte y una de las mejores de Miguel Ángel, posiblemente el más grande genio creador de la historia de la humanidad. Pero el caso es que no siempre tuvo tanto éxito esta escultura dado lo revolucionario de alguna de sus propuestas, tanto que en su momento llegó a ser considerada casi pecaminosa.

La Pietá se presenta en un sólo bloque de mármol que fue elegido personalmente por Miguel Ángel, según era su costumbre. Su realización nace del encargo que le realiza Jean Villier de la Grolaie, abad de Saint Denis y cardenal de la Santa Sabina y que se encontraba como embajador del rey francés en la Santa Sede. El caso es que este señor se quedó estupefacto ante la contemplación de magnífico Baco de Miguel Ángel, y eso le llevo a encargarle la ejecución de una Piedad de forma circular para que fuera colocada a su finalización en San Pedro, en la capilla de la Virgen de la Fiebre, que era el antiguo emplazamiento del templo de Marte. El contrato estipulaba que debía realizarse en un año y que por ella recibiría el escultor 450 ducados. Miguel Ángel logró terminarla tan sólo 2 días antes de finalizar el plazo, encontrándose con que quien la había encargado había muerto unos días antes. El caso es que "la Pietá" no terminó de inicio en el lugar para el que había sido ideada, sino que sirvió para adornar la tumba del Abad de Saint Denis en la Capilla de Santa Petronila en el Vaticano y esto fue así hasta 1749 en que definitivamente se traslado a San Pedro. ¿Por qué? ¿Por qué renuncia San Pedro a una obra de tal calado artístico, cuando había sido concebida desde el inicio para estar allí?

El caso es que si bien la imagen de María acunando a su hijo muerto tenía antecedentes en Alemania y poco a poco se había ido extendiendo por Francia, de donde sería conocida por el prelado que la encargó, en Italia era una forma desconocida. Pero no era ese el problema, el problema surge de la visión que tiene Miguel Ángel de la imagen, en la que la Virgen se presenta a nuestros ojos con una edad incluso menor que la del propio Cristo que tiene en sus brazos. Su imagen es toda belleza, frescura juvenil, pureza, la imagen de un ser a quien el tiempo no afecta... Hay quien dice que Miguel Ángel se basó en un pasaje del Paraíso de Dante que decía "Virgen Madre, hija de tu hijo...." o en otro de Giovanni Battista Strozzi, contemporáneo de Miguel Ángel que decía: "Esposo, hijo y padre, María, su única esposa, su Hija, su Madre". El caso es que la escultura fue duramente criticada por esta revolucionaria presentación de una Virgen tan joven, que induce a pensar en un amor, digamos no tan maternal, entre las figuras que aparecen en el conjunto. Era una idea que incluso podía ser tildada de pecaminosa. Condivi escribió al respecto:

"Hay algunos que se quejan de que la madre es demasiado joven comparada con el Hijo. Un día estaba hablando con Miguel Ángel sobre esto y me decía: "No sabes tú, dijo, que las mujeres castas conservan su aspecto fresco mucha más tiempo que aquellas que no lo son? ¿Cuánto más, por tanto, una Virgen en la cual jamás afloró ni tan siquiera el más mínimo deseo incasto que hubiera podido cambiar su cuerpo? Te digo aún más , dicha frescura y flor de juventud además de ser conservada en ella por causas naturales, pudo ser posiblemente ordenada por el poder divino para probar al mundo la virginidad y pureza perpetua de la Madre... No te sorprendas entonces de que yo, por todas estas razones, haya hecho la más inmaculada Virgen, Madre de Dios, muchos años más joven en comparación con su hijo de como habitualmente se la representa..."

La complejidad del alegato que presenta Miguel Ángel da una idea del follón que se crearía en torno a la obra, que luego, con el tiempo, serviría de inspiración para la imagen joven que todos asociamos a la Virgen. 

La Pietá es la única obra firmada por Miguel Ángel, y sobre este hecho hay distintas hipótesis. Una dice que la firma, porque es la obra de la que se siente más orgulloso, consciente como estaba de la sublime obra que había creado. Otra dice que es por las dudas que surgieron ante quienes la veían de que una escultura de tal calidd, fuera obra de alguien tan joven, ( Miguel Ángel sólo tenía 24 años cuando la hizo) lo que le movió a firmarla para despejar dudas. Pero hay una tercera que dice que Miguel Ángel un día fue a ver La Pietá a su emplazamiento en la Capilla de Santa Petronila y allí observaba como la gente que la admiraba no tenía claro quien había esculpido esa obra (hasta ahí llegaba el olvido al que había sido sometida la obra por las críticas hacia la juventud de la Virgen) y el artista llegó a escuchar a personas que la atribuían a un tal Gobbo, (Cristofono Soleri, apodado "el jorobado de Milán"). El ataque de furia de Miguel Ángel fue enorme, y esa misma noche accedió a la Capilla y ayudado de martillo y cincel esculpió sobre el ceñidor que cubre el pecho de la Virgen «Michael A[n]gelus Bonarotus Florent[inus] Facieba[t]» («Miguel Ángel Buonarroti, florentino, lo hizo». Y es que no quería que jamás existiera duda de quién era el padre de aquella maravilla. Y como alguien diría "Se non é vero é ben trovatto"

En 1972 un hombre perturbado mentalmente propinó con un martillo varios golpes en la escultura mientras gritaba ¡Yo soy Jesucristo, resucitado de entre los muertos!. Los martillazos hicieron desprenderse hasta cincuenta fragmentos de la escultura, rompiendo el brazo izquierdo y el codo de la Virgen mientras que la nariz de su rostro estaba prácticamente destruida, así como los párpados. Tuvo entonces que restaurarse, lo que se logró con éxito gracias a los calcos existentes. A raíz de este hecho hay fuertes medidas de seguridad, incluida una defensa de cristal alrededor de la escultura para protegerla de los visitantes. Las cosas...








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lunes, 26 de septiembre de 2016

Bukowski y el amor (Fragmento de "Música de cañerías")




"Meg y Tony llevaron a la mujer de Tony al aeropuerto. En cuanto Dolly estuvo a bordo, fueron al bar del aeropuerto a tomar algo. Meg pidió un whisky con soda. Tony con agua. (...)


Tony —Nosotros podemos ser amigos.
Meg —De esa manera no.
— Tienes que ser moderna. Estamos en la edad moderna. La gente se divierte. Se desinhibe. Joden de mil modos. Se tiran perros, niños, pollos, peces...
— A mí me gusta escoger. Tengo que sentirme interesada.
— No seas pueblerina. Sentir interés está pasado de moda. Si sigues por ese rollo mucho tiempo, cuando te des cuenta, acabarás creyendo en el amor.
—¿Y qué? ¿Qué tiene el amor de malo, Tony?
—El amor es una forma de prejuicio. Amamos lo que necesitamos, amamos lo que nos hace sentirnos bien, amamos lo que es conveniente. ¿Cómo puedes decir que amas a una persona cuando hay diez mil personas en el mundo a las que amarías más si llegases a conocerlas? Pero nunca las conoceremos.
—Sí, de acuerdo, pero hay que hacer todo lo posible.
—Concedido. Pero hay que tener en cuenta, de todos modos, que el amor sólo es consecuencia de un encuentro al azar. La mayoría de la gente le da demasiada importancia. Sobre esta base, un buen polvo es algo de lo que no hay por qué burlarse.
—Pero también es el resultado de un encuentro al azar.
—Tienes toda la razón del mundo. Acaba de beberte eso, anda. Tomaremos otro.
—Ya te veo venir, Tony; pero no te hagas ilusiones, que no resultará."

El fragmento pertenece al relato "Golpes en el vacio" que podemos encontrar en el libro "Música de cañerías" (1983), una colección más de relatos cortos a los que tan aficionado era Charles Bukowski, aqui ya un escritor consagrado y respetado, que no por ello se rinde a la insulsa corrección. Sus relatos siguen hablando, como siempre del alcoholismo, del triunfo o el fracaso, de la falsa moralidad, del sexo y de la estupidez con la que se condimenta todo. 


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domingo, 25 de septiembre de 2016

Hitler y el champú o "Cómo acabar de una vez por todas con la cultura" (Woody Allen)



“Después de la invasión de los aliados, a Hitler el cabello se le quedó seco y desordenado. Esto se debió en parte al éxito de los aliados y en parte a los consejos de Goebbels, quien le dijo que se lo lavara cada día. Cuando esto llegó a oídos del general Guderian, este regresó al acto del frente ruso y le dijo al Führer que no debía ponerse champú en el pelo más de tres veces por semana. Este era el procedimiento que había seguido el Estado Mayor con gran éxito en las dos guerras anteriores. Hitler pasó una vez más por encima de los generales y continuó con el lavado diario. Bormann ayudaba a Hitler a secárselo y siempre parecía estar presente con un peine en la mano. Al final Hitler empezó a depender de Bormann y, antes de mirarse al espejo, siempre hacía que Bormann se mirase primero. A medida que las fuerzas aliadas avanzaban hacia el este, el estado del pelo de Hitler empeoraba. Con el pelo seco y descuidado, Hitler soñaba durante horas seguidas en el corte de pelo y el afeitado que se haría el día en que Alemania ganase la guerra; se haría incluso, quizá, lustrar los zapatos. Ahora me doy cuenta de que nunca tuvo la intención de hacerlo.”

Un día, Hess cogió la botella de gel del Führer y se fue a Inglaterra en un avión. El alto mando alemán se enfureció. Creía que Hess iba a entregársela a los aliados a cambio de una amnistía para él. Hitler se enfureció de forma especial cuando se enteró de la noticia porque acababa de salir de la ducha y estaba a punto de acicalarse el pelo."


El fragmento pertenece al libro "Cómo acabar de una vez por todas con la cultura" (1971) de Woody Allen, en el que se hace una relectura en clave de humor de algunos momentos importantes de la historia. Un lugar especial ocupan las supuestas memorias de Friedrich Schmed, el barbero personal de Hitler en las que se nos ilustra sobre las consecuencias globales que podían desencadenar que el pelo del Fhurer no quedara en su sitio o la supuesta inquietud de Churchill por dejarse patillas. Woody Allen tenía que ser....

Lo fotografía pertenece a la estatua de Hitler del Museo de cera de Berlin.

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sábado, 24 de septiembre de 2016

Marilyn Monroe y los perros



"Los perros no me muerden. Sólo los seres humanos"

Así se pronunciaba Marilyn Monroe en uno de esos estupendos perfiles que Truman Capote recogió en su estupendo libro "Retratos". El fragmento completo contaba una anécdota ocurrida durante un paseo de ambos y empezaba poniéndonos en situación el propio Capote:

"Al bajarnos del taxi vimos a un hombre que llevaba a un chow-chow de la correa, un posible pasajero en dirección al transbordador, y, cuando nos cruzamos con ellos, mi acompañante se agachó para acariciar la cabeza del perro.)
El hombre: (con tono firme, pero no hostil): No debería tocar a perros que no conozca. Especialmente a los chow. Podrían morderla.
Marilyn: Los perros no me muerden. Sólo los seres humanos. ¿Cómo se llama?
El hombre: Fu Manchú.
Marilyn (riendo): ¡Oh! Como en la película. Tiene gracia.
El. hombre: ¿Cuál es el suyo?
Marilyn: ¿Mi nombre? Marilyn.
El hombre: Lo que me figuraba. Mi mujer nunca me creerá. ¿Podría darme su autógrafo?
(Sacó una tarjeta y una pluma; utilizando el bolso como apoyo, escribió: “Dios le bendiga, Marilyn Monroe.”)
Marilyn: Gracias.
El hombre: Gracias a usted. Ya verá cuando lo enseñe en la oficina."

Y es que Marilyn siempre estuvo rodeada de mascotas, Mitsou (un gato persa), Butch (un periquito), Ebony (un caballo) pero sobre todo de perros. Su primer perro fue Tippy, un regalo de su padre adoptivo Albert Bolender. un perrillo sin raza definida de color blanco y negro que juguetonamente solía acompañar a Marilyn  a la escuela. Cuando Marilyn tenía solo seis años el perro fue muerto a disparos por colarse en el jardín de un vecino. Marilyn quedó en shock y perdió el habla, para después ser presa de una acusada tartamudez que solo superaría con el tiempo. Después vendrían Ruffles (un spaniel), Muggsie (una collie) o Chihuahua, un diminuto perro con el que tiene fotos muy simpáticas. Y con su matrimonio con Arthur Miller llegaría a su hogar el basset "Hugo", un orejudo compañero por el que la actriz sentía verdadero cariño y al que prodigaba todo tipo de mimos. Cuando llegó la hora de la separación del escritor, que ciertamente no se portó de forma muy caballerosa, convirtió al perro en objeto de disputa y terminó llevándoselo con él. El disgusto de Marilyn fue monumental y cuando Frank Sinatra le regaló un pequeño caniche llamado Maf (en clara alusión a la supuesta vinculación de Sinatra con la mafia) no tuvo reparos en ponerle como alfombra uno de los adorados y carísimos abrigos de piel que Miller le había regalado.






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viernes, 23 de septiembre de 2016

Sócrates y las mujeres



Sócrates marca indudablemente un antes y un después en la historia de la filosofía. Supo ganarse la admiración y la consideración de muchos de sus discípulos, como Aristipo, Antístenes o el mismo Platón, nexo de unión con el gran Aristóteles. Lo que le resultó muchísimo más difícil fue ganarse el respeto de Jantipa, su correosa y arisca mujer. Sócrates comentaba que su carácter seco y altamente inflamable era lo que le había llevado a elegirla como esposa, osea sabía donde se metía. Apostillaba que era su afán habituarse a tolerarla con infinita paciencia con el propósito de lograr el perfecto autocontrol y de esta manera estar siempre en la mejor disposición de tratar con cualquiera por difícil que fuera su carácter. Nietzsche en un arranque de ironía llegó a decir que fue Jantipa y no otro gran maestro el que convirtió a Sócrates en el mejor dialéctico de Atenas, ya que era mejor andar por la calle hablando a unos y a otros que quedarse en su casa aguantando al "demonio de Tasmania" que vivía con él. Con el tiempo se cuenta que un alfarero le preguntó a Sócrates sobre cuál era la mejor opción casarse o quedarse soltero. Sócrates le contestó: "Hagas lo que hagas te arrepentirás". 

Al hilo de todo esto cuenta una anécdota que tras una de las habituales broncas domésticas que Jantipa "amorosamente" le preparaba cada día, Sócrates no pudo aguantar más y buscando un poco de paz se salió de la casa y se sentó en el escalón que daba entrada a la puerta, y claro, eso es lo peor que le podía hacer a la "muchachita" que se vio de esta manera ignorada y sin nadie sobre quien descargar sus muchos demonios. De esta manera y poseída por la rabia de no poder seguir desahogándose sobre el "marido filosofo" se fue hacía Sócrates con una palangana llena de agua sucia y se la volcó por completo encima. Sócrates se limito a comentar completamente abrumado:

"Después de tanto tronar, no es extraño que ahora llueva"

Quien sabe si harto de buscar soluciones en su matrimonio o hastiado de escuchar de su mujer que no sabía nada llegó a formular por convencimiento propio, más que en relación con la pitonisa de Delfos, aquella sabia máxima que decía: "Solo sé que no sé nada"

!Qué gran maestra de filosofía era Jantipa!   

A pesar de tanta tormenta, Jenofonte describía a Sócrates así: «Ejemplar del hombre mejor y más feliz», y escribe de él: “Como comprendo la sabiduría y nobleza de este hombre, tengo que pensar siempre en él; y, siempre que en él pienso, tengo que alabarlo”. 


El busto de Sócrates que encabeza la entrada se encuentra expuesto en el Louvre.


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2.-http://vgd.no/samfunn/historie/tema/1824390/tittel/hf725-all-the-world-s-a-stage/innlegg/44401501/

jueves, 22 de septiembre de 2016

Dostoievski y la tenacidad de vivir



"¿Dónde he leído -pensó Raskólnikov prosiguiendo su camino-, dónde he leído lo que decía o pensaba un condenado a muerte una hora antes de que lo ejecutaran? Que si debiera vivir en algún sitio elevado, encima de una roca, en una superficie tan pequeña que sólo ofreciera espacio para colocar los pies, y en torno se abrieran el abismo, el océano, tinieblas eternas, eterna soledad y tormenta; si debiera permanecer en el espacio de una vara durante toda la vida, mil años, una eternidad, preferiría vivir así que morir. ¡Vivir, como quiera que fuese, pero vivir!"

El fragmento pertenece a la obra "Crimen y castigo" (1866) de Fiodor Dostoievski, considerada como una de las obras fundamentales de la literatura rusa e incluso mundial, dada su influencia en las generaciones posteriores de escritores. Para un escritor tan celebrado como Stefan Zweig, los diálogos mantenidos entre Raskólnikov, el protagonista de la obra, y el inspector de policía, son una de las cimas de la literatura universal y para poner otro ejemplo que tenga que ver con la voluntad de vivir, dejamos este otro fragmento de la obra en la que Raskólnikov es de nuevo el protagonista:

"Ha perdido usted la confianza en todo y cree que vengo a halagarle con segundas intenciones. ¡Como si hubiera vivido usted mucho! ¡Como si entendiera muy bien lo que es la vida! Ha ideado una teoría y se avergüenza de haber fracasado, de no haber resultado muy original. El resultado ha sido infame, la verdad; pero, a pesar de todo, no es usted un miserable sin esperanza. (...). ¿Sabe en qué concepto le tengo? Le tengo por uno de aquellos que, si encuentran una fe o un Dios, son capaces de mirar sonriendo a los verdugos que les arranquen las entrañas. Bien, pues encuéntrelos y viva. En primer lugar, hace tiempo que necesita usted cambiar de aire. En realidad, el sufrimiento también es una cosa buena. Sufra usted. Quizá tenga razón Mikolka al querer sufrir. Ya sé que no es usted creyente, pero no se haga el listo filosofando; entréguese a la vida francamente, sin razonar. No se intranquilice, la vida le llevará en línea recta a una orilla y le levantará. ¿A qué orilla? ¡Cómo quiere usted que lo sepa! Lo único que creo es que aún ha de vivir usted mucho. (...). Sé que no es creyente, pero le juro que la vida le sacará a flote."

Y si la novela citada es de todos conocida (aunque muy poco leída), la escultura que encabeza la entrada, es por contra, a pesar de su espectacularidad y su evidente dificultad (esos huesos sacados del mármol parecen un milagro) un trabajo poco visto de un escultor prácticamente desconocido, el italiano Rinaldo Carnielo (1853 - 1910) que como vemos en esta obra, titulada "Tenax vitae" (la vida tenaz) en la que se nos muestra a un sujeto que se resiste a entregarse a la muerte, tenía una cierta sensibilidad hacia lo macabro en sus obras, resultando otro de sus grandes trabajos una sensacional escultura sobre la muerte de Mozart que en cualquier momento traeremos por aquí. Os dejo una vista completa de la obra anterior que se expone en el Museo Cívico del Palazzo Vecchio de Florencia, ciudad en la que creció el escultor y a la que legó gran parte de su obra.




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miércoles, 21 de septiembre de 2016

El principito de Saint Exupéry y el bebedor de Picasso



"El planeta siguiente estaba habitado por un bebedor. Esta visita fue muy corta, pero sumergió al principito en una gran melancolía.

- ¿Qué haces ahí? - preguntó al bebedor, a quien encontró instalado en silencio, ante una colección de botellas vacías y una colección de botellas llenas.

- Bebo -respondió el bebedor, con aire lúgubre.

- ¿Por qué bebes? -le preguntó el principito.

- Para olvidar -respondió el bebedor.

- ¿Para olvidar qué? -inquirió el principito, que ya le compadecía.

- Para olvidar que tengo vergüenza -confesó el bebedor bajando la cabeza.

- ¿Vergüenza de qué? -preguntó el principito que deseaba socorrerle.

- ¡Vergüenza de beber! -concluyó el bebedor, que se encerró definitivamente en el silencio.

Y el principito se alejó, perplejo.

"Las personas mayores son ciertamente muy, muy extrañas" - se dijo a si mismo durante el viaje."

El fragmento está tomado del libro "El principito", obra de Antoine de Saint Exupéry

El cuadro que abre la entrada es una obra del periodo azul de Picasso y tiene por título "El bebedor de absenta" (1903) que se vendió en 2010 por 42'1 millones de euros. El bebedor retratado era un artista  amigo de Picasso llamado Ángel Fernández de Soto, del que se hizo amigo en la época en la que  el pintor malagueño frecuentaba el famoso café barcelonés "Els quatre gats", convirtiéndose durante una época en inseparables. 


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martes, 20 de septiembre de 2016

Groucho Marx Vs Greta Garbo



    "Estaba un día en el ascensor del edificio Thalberg, cuando entró también Greta Garbo. La actriz se hallaba entonces en la cumbre de su carrera, aclamada por todo el mundo como la mayor estrella cinematográfica del momento.
     La señorita Garbo llevaba un sombrero de un tamaño aproximadamente igual al de una enorme tapa de alcantarilla. El resto de su cuerpo iba embutido en una americana y en unos pantalones de tipo masculino. Yo estaba de pie detrás de ella y, estando de buen humor, levanté con gentileza el ala posterior de su sombrero.
    Pensando retrospectivamente en aquel incidente, me es posible observar que el resultado de levantar el ala posterior del sombrero de una mujer resulta inevitable: la parte delantera del sombrero se desliza sobre su rostro. En aquella época, sin embargo, no había investigado perfectamente este problema de física.
    La señorita Garbo se volvió hacia mí llena de rabia, al tiempo que levantaba indignada el sombrero y mostraba las facciones clásicas que todavía hoy son admiradas por millones de personas.
—¿Cómo se atreve usted? —exclamó en tono gélido.
—¡Oh! Le pido perdón —repliqué—. Pensaba que era un sujeto que conocí en Kansas City.
No hubo ningún otro intercambio de palabras. Sin embargo, resulta algo bastante obvio para cualquier aficionado al cine que ésta es la auténtica explicación de por qué Greta Garbo nunca apareció en ninguna de las películas realizadas por los hermanos Marx."


La Garbo siempre tuvo fama de ser una mujer tan bella como seria. Creo que Groucho, que todavía la mira desde abajo del sombrero, intentando comprender, nunca terminó de creerse aquella frase publicitaria de "Ninotchka" que decía: "La Garbo ríe". Puede que en la película actuara convincentemente y esbozara una mueca parecida a una sonrisa, pero en la vida real... si no lo consiguió Groucho, que hombre podría. 

A pesar de ello, ¡qué bien se reía en "Ninotchka"!



La anécdota está tomada del libro "Groucho y yo"

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lunes, 19 de septiembre de 2016

Stanislav Petrov, el hombre que salvó el mundo




Nadie sabe quién puede hacer las veces de "angelito de la guarda" de todos nosotros y el caso es que el 26 de septiembre de 1983 este tomó forma de un Teniente Coronel del ejército ruso llamado Stanislav Petrov (1939/----). Ese día en el que todos estuvimos a punto de pasar a mejor vida, este militar estaba encargado del búnker Serpujov-15, el Centro de mando desde el que la inteligencia militar soviética coordinaba la defensa aeroespacial rusa. En definitiva era el encargado de verificar cualquier ataque sobre la Unión Soviética y de ser producirse alguna alarma dar comunicado inmediato a sus superiores para iniciar una respuesta rápida y fulminante a dicha ofensiva, fase en la que ya poco se iban a parar a pensar, con lo ocupados que iban a estar apretando botones.

El entorno sociopolítico que vivian en esas fechas no era además el más propicio pues hacia tres semanas que un caza soviético había disparado sobre un avión de pasajeros surcoreano que invadió su espacio aéreo, provocando la muerte de 269 personas, entre las que había varios americanos. Y con ese incidente empezó a moverse todo el engranaje de esa época tan convulsa que fue la guerra fría. Empezaron las maniobras táctico estratégicas de la OTAN que la KGB interpretó como el preparativo de un ataque inminente y se dio alerta a toda la oficialidad y espías rusos de que estuvieran alerta ante el posible comienzo de una guerra nuclear.

Y con todos los ingredientes para hacer ya un buen pastel, faltaba la guinda. Ésta apareció en forma de señal de un misil balístico que avanzaban desde Estados Unidos hacia Rusia y que explosionarían en 20 minutos, eso es lo que mostraban las pantallas del ya mentado búnker Serpujov-15 y para colmo esta señal fue seguida de la alarma por otros cuatro misiles más que se dirigían a territorio soviético. Según el satélite de vigilancia soviético OKO, la URSS estaba sufriendo un ataque nuclear. Pero allí estaba nuestro héroe el señor Stanislav Petrov intentando quitarle la razón a Groucho Marx cuando decía "La inteligencia militar es una contradicción en los términos" y el buen hombre se puso a pensar, intentando olvidarse de ese contexto de presión internacional abrumadora que ya hemos contado y le pareció harto inverosímil que si Estados Unidos se decidía a efectuar un ataque lo hiciera tan sólo con cinco misiles, cuando disponía de miles, ofreciendo de esta manera una capacidad de respuesta tan abrumadora a su enemigo. Para él la cosa estaba clara y pensó que se trataba de un error y que esperaría los 20 minutos que mediaban hasta el primer impacto anunciado por el ordenador y comprobar así su teoría, postergando hasta entonces el cumplimiento de la orden de dar aviso a sus superiores, teniendo para sí como seguro que si avisaba habría un lanzamiento masivo de misiles por parte de su país. Pasados esos tensos minutos no ocurrió nada. Todo había sido una falsa alarma que después se supo fue debida a un error informático provocado por la singular alineación del Sol con la Tierra y la posición del satélite soviético OKO que era el que suministraba la información al bunker Serpujov-15.

Stanislav Petrov había salvado al planeta de una segura guerra nuclear con todas sus consecuencias gracias a su frialdad y buen juicio, pero el caso es que a sus superiores no le pareció una conducta adecuada, considerando que había incumplido las órdenes recibidas y que debían haber sido ellos los que valoraran la certeza o falsedad de la alarma. De esta manera fue amonestado y destinado a puestos inferiores, siendo finalmente jubilado anticipadamente, al considerarse que los militares no deben pensar. El suceso que es conocido como "el incidente del equinoccio de otoño" fue mantenido en secreto durante años y cuando la comunidad internacional lo supo la ONU acordó entregarle una felicitación pública al señor Petrov por poco más o menos que haber salvado el mundo. A este premio le siguieron otros otros reconocimientos a nivel mundial. En un documental que se hizo en su honor titulado "The Red Button & The Man Who Saved The World" ("El botón rojo y el hombre que salvó el mundo", 2008) Petrov afirmaba: "Todo lo que pasó no me concernía - era mi trabajo. Estaba simplemente haciendo mi trabajo y fui la persona correcta en el momento apropiado, eso es todo. Mi última esposa estuvo diez años sin saber nada del asunto. '¿Pero qué hiciste?', me preguntó. 'No hice nada'". Qué nivel! Ni ante su esposa alardeaba, vamos que durante tanto tiempo ni siquiera le había contado aquella "pequeñita" anécdota.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Fragmentos de "La tregua" - (1960 - Mario Benedetti)



“El tiempo se va. A veces pienso que tendría que vivir apurado, que sacarle el máximo partido a estos años que quedan. Hoy en día, cualquiera puede decirme, después de escudriñar mis arrugas: «Pero si usted todavía es un hombre joven». Todavía. ¿Cuántos años me quedan de ese «todavía»? Lo pienso y me entra el apuro, tengo la angustiante sensación de que la vida se me está escapando, como si mis venas se hubieran abierto y yo no pudiera detener mi sangre. Porque la vida es muchas cosas (trabajo, dinero, suerte, amistad, salud, complicaciones), pero nadie va a negarme que cuando pensamos en esa palabra Vida, cuando decimos, por ejemplo, «que nos aferramos a la vida», la estamos asimilando a otra palabra más concreta, más atractiva, más seguramente importante: la estamos asimilando al Placer. Pienso en el placer (cualquier forma de placer) y estoy seguro de que eso es vida. De ahí el apuro, el trágico apuro de estos cincuenta años que me pisan los talones. Aún me quedan, así lo espero, unos cuantos años de amistad, de pasable salud, de rutinarios afanes, de expectativa ante la suerte, pero ¿cuántos me quedan de placer? Tenía veinte años y era joven; tenía treinta años y era joven; tenía cuarenta años y era joven. Ahora tengo cincuenta años y soy «todavía joven». Todavía quiere decir: se termina.”

"Qué feo es eso de que le digan a uno la verdad, sobre todo si se trata de una de esas verdades que uno ha evitado decirse aún en los soliloquios matinales, cuando recién se despierta y murmura pavadas amargas, profundamente antipáticas, cargadas de autorrencor, a las que es necesario disipar antes de despertarse por completo y ponerse la máscara que, en el resto del día, verán los otros y verá a los otros."

"La verdad es que esa excelente opinión de mí mismo ha decaído bastante. Hoy me siento vulgar y, en algunos aspectos, indefenso. Soportaría mejor mi estilo de vida si no tuviera conciencia de que (sólo mentalmente, claro) estoy por encima de esa vulgaridad. Saber que tengo, o tuve, en mí mismo elementos suficientes como para encaramarme a otra posibilidad, saber que soy superior, no demasiado, a mi agotada profesión, a mis pocas diversiones, a mi ritmo de diálogo: saber todo eso no ayuda por cierto a mi tranquilidad, más bien me hace sentir más frustrado, más inepto para sobreponerme a las circunstancias."

“Ella me daba la mano y no hacía falta más. Me alcanzaba para sentir que era bien acogido. Más que besarla, más que acostarnos juntos, más que ninguna otra cosa, ella me daba la mano y eso era amor.” 

"Ya sé ahora que mi soledad era un horrible fantasma, sé que la sola presencia de Avellaneda ha bastado para espantarla, pero sé también que no ha muerto, que estará juntando fuerzas en algún sótano inmundo, en algún arrabal de mi rutina. Por eso, sólo por eso, me apeo de mi suficiencia y me limito a decir: ojalá."

"Es evidente que Dios me concedió un destino oscuro. Ni siquiera cruel. Simplemente oscuro. Es evidente que me concedió una tregua. Al principio, me resistí a creer que eso pudiera ser la felicidad. Me resistí con todas mis fuerzas, después me di por vencido y lo creí. Pero no era la felicidad, era solo una tregua. Ahora estoy otra vez metido en mi destino. Y es más oscuro que antes, mucho más."

"Hay una especie de reflejo automático en eso de hablar de la muerte y mirar en seguida el reloj."


Son fragmentos de "La Tregua", una novela escrita por el uruguayo Mario Benedetti en 1960, y en la que a modo de diario se van recogiendo los pensamientos de Martín Santomé, un hombre viudo que llegado a los cincuenta años empieza a hacer balance de su vida y no logra que le cuadren las cuentas de la felicidad. Ante sus ojos se presenta un paisaje en el que todo parece estar cuesta abajo. En medio de esta grisura conoce a Laura Avellaneda, una mujer joven, hermosa, inteligente y llena de vida de la que se enamora perdidamente. Después de vivir juntos su felicidad y plantearse el matrimonio, Laura muere inesperadamente, momento en el que Martín Santomé advierte que aquellos inusuales momentos de felicidad que había vivido junto a aquella hermosa mujer, tan solo habían sido una "tregua" que Dios le había regalado y que ahora le tocaba volver a su paleta de grises en la que ahora predominaba el marengo. 

El cuadro que abre la entrada es "El hombre en la ventana" (1875) obra de Gustave Caillebote.


Las fotografías están tomadas de las siguientes páginas:
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2.- http://www.enorme.info/10-poemas-mario-benedetti-seguro-conoces/